El mecanismo de Acuerdos Recíprocos por Agua (ARA), formato elegido por la Fundación Coca-Cola y la Fundación Natura de Bolivia para invitar a familias bolivianas que viven de la agricultura y la ganadería a convertirse en guardianes de los bosques, es un modelo de gobernanza local del agua que se basa en dos pilares. Por una parte, proteger los bosques de cuenca alta para ayudar a mantener la provisión hídrica en cantidad y calidad y, por la otra, concientizar a los usuarios de cuenca baja sobre la importancia de contribuir a la conservación de los terrenos asociados a las fuentes acuíferas.

A través del compromiso de los actores locales –Municipio y Cooperativa de Agua–, ciudadanos de la cuenca baja y la Fundación Natura Bolivia se conforma un “fondo local de agua”. Con esto, se destinan recursos económicos que tendrán un impacto real e inmediato en la conservación de los bosques.

Estos aportes se convierten en incentivos en forma de proyectos de desarrollo –como la apicultura, fruticultura, sistemas de riego y mejoras para el manejo de ganado– que se otorgan a los agricultores y ganaderos de cuenca alta a cambio de la conservación de sus bosques. Los recursos son administrados por instituciones locales y el valor de los incentivos es decidido en procesos participativos entre actores locales de cuenca baja y cuenca alta.

Esquema del funcionamiento de los Acuerdos Recíprocos por Agua.

A diferencia de los cultivos anuales, que llevan a los agricultores a deforestar periódicamente diferentes áreas en busca de nuevos suelos, el cultivo frutícola ayuda a reducir las tasas de deforestación, ya que promueve el asentamiento del productor a largo plazo en una tierra determinada y es poco exigente en cantidad de agua y fertilidad del suelo.

Productores reciben las cajas apícolas y otros incentivos.

Para los productores que reciben cajas apícolas como iniciativa productiva, esto puede significar el desarrollo de una nueva actividad, ya que muchos basan su fuente de ingresos en actividades de agricultura y ganadería que son improductivas. Las cajas producen aproximadamente 60 kilos de miel al año, lo que puede conllevar un importante impacto económico directo en la economía familiar.