El fútbol es una pasión de multitudes y Bolivia no es la excepción, pues el fervor y la emoción de la hinchada boliviana desbordan en cada partido de la liga local y de la selección nacional.

Entre los mejores recuerdos que atesoran los bolivianos que respiran fútbol está la llegada de la Copa del Mundo a La Paz en 2014, dentro de una gira organizada por la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA) y el Sistema Coca-Cola para contagiar la magia del Mundial a los aficionados e inspirar a los futbolistas.

El Tour del Trofeo de la Copa Mundial, que se creó con una asociación exclusiva entre la FIFA y Coca-Cola –uno de los socios corporativos más antiguos de la institución que rige el fútbol mundial– comenzó en septiembre de 2013 en el icónico monumento del Cristo Redentor en Río de Janeiro, Brasil.

La copa retornó al país anfitrión del Mundial en abril de 2014, tras cubrir una distancia total de 149.576,78 kilómetros y visitar 89 países miembros de las seis confederaciones que integran la FIFA.

Fue la tercera vez que el trofeo recorría varios países en gira. La primera fue para el Mundial de Alemania 2006 y la segunda para Sudáfrica 2010.

Como Bolivia no fue incluida en las dos primeras versiones del tour, el solo anuncio de que sí sería parte de la tercera gira generó grandes ilusiones entre los fanáticos del fútbol.

Procedente de Asunción, Paraguay, la copa aterrizó en suelo boliviano el 20 de enero de 2014, en un avión de color rojo que llevaba el sello de la FIFA y la marca de Coca-Cola.

Como las normas de la FIFA establecen que sólo pueden tocar la copa los presidentes o excampeones mundiales de fútbol, el único afortunado a quien se le permitió levantarla fue el presidente del país, Evo Morales, en un acto especial organizado en el Palacio de Gobierno de La Paz.

Además del mandatario, quien es un gran aficionado al fútbol, al evento asistieron varios de los futbolistas bolivianos que lograron la histórica clasificación al Mundial disputado en Estados Unidos en 1994, entre ellos Marco Antonio “el Diablo” Etcheverry y Erwin “Platiní” Sánchez. También estuvo el técnico de la Verde en esa época, el español Xabier Azkargorta, a quien la hinchada boliviana llama cariñosamente “Bigotón”.

Al día siguiente se realizó la exhibición pública del trofeo. El lugar elegido fue el Colegio Militar, situado en la zona sur de La Paz, donde miles de bolivianos de todas las edades formaron una larga fila desde temprano, con la intención de ver el emblema de los mundiales de fútbol.

El trofeo se despidió de Bolivia, su destino número 63 dentro de la gira, para continuar su recorrido por Perú y dirigirse después a otros países antes de retornar a Brasil.