El boliviano Alberto Mendoza tiene 67 años y ha dedicado los últimos 24 a cultivar una pasión que, a estas alturas, ya le resulta imparable: la búsqueda de artículos de Coca-Cola para seguir alimentando la nutrida colección que ha logrado armar hasta el momento.

A simple vista, la casa de Mendoza se parece a cualquier otra en la populosa zona El Rosario, en La Paz. Pero solo quienes le conocen saben que en el último piso de la vivienda se encuentra una de las más variadas colecciones de objetos de Coca-Cola en la ciudad.

“Es una bonita colección que tenemos; es una variedad de objetos de diferentes partes”, explica Mendoza desde su pequeño mundo Coca-Cola, que incluye centenares de piezas, desde botellas y latas, hasta llaveros, gorras, abridores y adornos de todo tipo con la marca.

Tener una colección con estas características no estaba en los planes iniciales de este paceño aficionado a la fotografía. Pero fueron las promociones de Coca-Cola las que le permitieron ir reuniendo los primeros objetos y pasar de un sencillo pasatiempo a lo que ahora parece una afición sin límite.

Quien mejor recuerda cómo empezó todo es uno de sus hijos, Alberto Mendoza Jr., quien a sus 31 años es uno de los mejores aliados de Mendoza para seguir ampliando la colección.

La motivación inicial era la diversión en familia y la emoción por completar las series de objetos promocionados, según afirma Mendoza hijo.

“La colección más antigua que recuerdo era de unos rastis que canjeabas con tapitas para armar un robot gigante. Recuerdo que al final conseguimos todos los módulos”, reseña emocionado el hijo del coleccionista y agrega que la misma historia se repetía cada que salía una nueva promoción.

“Mi hermano y yo éramos niños molestando a su papá, le decíamos (que) tenemos que conseguir y ahí arrancó todo”, sostiene.

Alberto Mendoza muestra una botella antigua de Coca-Cola, que es parte de su colección de objetos relacionados con la marca.

La sala de los Mendoza se fue llenando poco a poco de objetos de Coca-Cola y fue en ese momento que los hijos del coleccionista le sugirieron reunirlos todos en un lugar especial.

Así, Mendoza compró muebles y habilitó una habitación en el último piso de la casa para exhibir los artículos que habían conseguido hasta el momento.

Lo que más espacio ocupa son las decenas de latas y botellas de diversas datas y procedencias, ninguna duplicada y cada una con su respectiva identificación. La preferida de Mendoza es la que llama “botella cebolla” por la forma que tiene. El envase proviene de Argentina y lo obtuvo en un intercambio.

La botella "cebolla", la favorita del coleccionista boliviano Alberto Mendoza, que consiguió en un intercambio.

Para Alberto Jr. –su hijo– uno de los artículos más preciados es la colección de jugadores de la mítica selección boliviana dirigida por el 'Bigotón' Xabier Azkargorta, quien logró la histórica clasificación al mundial disputado en Estados Unidos en 1994, recordada siempre en Bolivia al haber sido una de las pocas alegrías deportivas del país.

También hay vasos, posavasos, bandejas, mochilas, individuales de mesa, botellas en miniatura, velas, osos polares, pequeños camiones distribuidores de Coca-Cola, relojes, afiches, adornos de Navidad, lentes para sol, radios en forma de lata e incluso la serie de cuatro minidiscos compactos que salió en el 2003, entre otros.

A la izquierda un teléfono en forma de lata de Coca-Cola. A la derecha, una radio en forma de lata.

La colección se nutre con lo que consigue la familia en pleno, pero además gracias a amigos que conocen sobre la afición de Mendoza y que cada que viajan suelen traerle regalos relacionados con la marca. Entre sus recuerdos más queridos está un abridor en forma de botella que le trajeron desde Italia.

Y en estos tiempos en que la interconexión lo es todo, sus hijos le ayudan a buscar y obtener nuevos artículos a través del Internet y las redes sociales.

Para Mendoza, cuidar de su colección incluso resulta relajante, sobre todo cuando llega el día de limpieza de los objetos, lo que ocurre cada 15 días.

Colección de vasos con el nombre de Coca-Cola escrito en diferentes idiomas.

Aunque no sabe a ciencia cierta la cantidad exacta de piezas que ha logrado acumular, sí tiene claro que quiere continuar ampliando su colección.

“Para un coleccionista ya es difícil parar, ya es complicado querer parar. Alguna vez un amigo me preguntaba 'si te ofrecen comprar todo, ¿lo vendes?'. Yo le decía que no, cada objeto tiene su motivo, algo que contar sobre cómo se ha conseguido”, afirma.

Botellas de Coca-Cola en miniatura y al fondo, un adorno para colocar botellas.

Por este motivo, Mendoza está decidido a heredar su pasión a sus hijos, con la esperanza de que ellos continúen con su afición y la colección se convierta en un legado familiar.

Entretanto, este apasionado busca establecer contacto con otros coleccionistas para intercambiar piezas y seguir ampliando su pequeño mundo Coca-Cola.