María De la Paz Olivera fue una de los 200 emprendedores turísticos capacitados en bioseguridad por la Fundación Coca-Cola de Bolivia, en alianza con el Programa de Desarrollo de Nacionales Unidas, en el año 2020. Un año después, los hábitos aprendidos ya son parte de la rutina en su emprendimiento. Conocemos su hospedaje en Tiahuanaco.

El mayor tesoro de María De La Paz, lo que la hace sentirse feliz y realizada, es la casa de huéspedes que regentea desde hace nueve años en Tiahuanaco (también conocido como Tiwanaku por la cultura Tiwanakota de tiempos prehispánicos), una comunidad situada a 57 kilómetros de la ciudad de La Paz y a una altura de 3.885 msnm., a 15 km del Lago Titicaca. Aunque su esposo y sus tres hijos -ya adultos e independientes-  viven en La Paz, ella divide su semana para estar en ambos lugares. “Este fue mi sueño, tener mi casa de huéspedes. Me gusta atender a los turistas que llegan desde lejos en busca de paz y tranquilidad”, cuenta.


María nació y creció en Tiahuanaco, y luego migró a La Paz donde formó su propia familia. Pero el cariño a su tierra, a sus hermanos y a su madre hizo que retornara siempre a su comunidad. En 1996 abrió un restaurante junto a su hermano y en 2012 inició su propio emprendimiento con la casa de huéspedes Utasawa.

“Utasawa significa en aymara ‘nuestra casa’. Quiero que los huéspedes se sientan como en su casa, por eso nunca les decimos que no a nada. Por ejemplo, si van a llegar de madrugada, estamos para recibirlos. Los atendemos como si fueran parte de una familia. Esa voluntad hace que uno se reactive”, advierte.

Los alrededores de Tiahuanaco están llenos de historia que atrae a los turistas y curiosos 

La casa de huéspedes cuenta con diez habitaciones y un comedor abierto al público externo en el que sus compañeros de la Asociación de  Hoteles,  Gastronomía y Turismo de Tiwanaku (Ashogaturs) ofrecen a los turistas masitas, tortas y empanadas, entre otras delicias.

Las propuestas gastronómicas no faltan en el hospedaje de María 

La pandemia y el desafío de reinventarse

Hasta esa zona llegaban unos 200 turistas por día antes de la pandemia; pero el cierre de fronteras en 2020 significó un duro golpe y muchos pequeños emprendimientos debieron cerrar.

María retornó a La Paz por unos meses, pero en septiembre de ese mismo año volvió renovada y con nuevas ideas para mejorar su casa de huéspedes, entre ellas, la implementación de normas de bioseguridad.  “No había tiempo que perder, había que mejorar. La pandemia nos ha enseñado a vivir diferente, a hacer la atención totalmente diferente y eso nos dio más esperanza”, explica.

Los paisajes que ofrece la zona son una parada irrenunciable

Y en la búsqueda de la mejora continua y para la seguridad de sus huéspedes, María participó del grupo de 200 emprendedores turísticos comunitarios capacitados en bioseguridad por la Fundación Coca-Cola de Bolivia y el Programa de Desarrollo de Naciones Unidas (PNUD). “Tenemos áreas de bioseguridad en el ingreso de la casa, el uso del barbijo es obligatorio en las áreas comunes y todos deben portar su alcohol. Todo el equipaje se desinfecta al ingreso”, asegura.

La bioseguridad es ahora un elemento más en la propuesta turística 

Por eso María le pone atención especial a la limpieza de las habitaciones. Desinfecta a detalle todo y las ventila al menos por tres días antes de acomodar a otro huésped. “La bioseguridad es importante para nosotros porque si el turista se siente seguro, confiará y volverá”, concluye.

Con esta capacitación, Coca-Cola Bolivia sumó una iniciativa más a la plataforma regional de apoyo Juntos Salimos Adelante, a través de la cual la Compañía apoya a la reactivación económica a varios sectores como pymes, tiendas, locales gastronómicos, emprendimientos turísticos, recicladores, personal de salud, entre otros.