Embol y las Cámaras Gastronómicas de Bolivia lanzaron la Semana del Delivery, una iniciativa que busca para reactivar el sector. Journey acompañó entregas de comida a domicilio y conoció las medidas de bioseguridad que toman los trabajadores y clientes.

Tita Oropeza escucha el timbre del telefonillo de su departamento, ubicado en el barrio Santa Rosita, y se prepara para recibir su pedido de comida. Se cambia los zapatos, se pone guantes desechables y barbijo, toma su frasco de alcohol y alista un banquito de madera. Afuera, y guardando distancia, la espera el motociclista con el almuerzo que llega directo desde el restaurante. El trabajador coloca el paquete arriba del banquito y Tita desinfecta el envoltorio antes de ingresar a su casa para disfrutar de su plato. “Me siento más segura con los deliverys, así no tengo que salir de casa y evito el contacto con la calle”, asegura.

Esta ceremonia, impensable hasta hace pocos meses, ya forma parte de la nueva normalidad que rige las entregas de comida a domicilio. El servicio de delivery se convirtió en una de las opciones más seguras para los clientes, pero también es la salvación de muchos restaurantes, cuya actividad se vio paralizada por la pandemia.

Los locales gastronómicos adoptaron nuevas medidas de bioseguridad tanto en las cocinas como en el envío para cuidar la salud de sus trabajadores y clientes. Esto les ha permitido ofrecer un servicio confiable e impulsar su economía.

En Santa Cruz existen ocho empresas que brindan el servicio de delivery, y al menos tres tienen presencia nacional. Durante las últimas semanas, la capacitación en bioseguridad a los socios conductores ha sido prioritaria, desde el uso de barbijo, guantes, los dos metros de distancia social con los clientes, alcohol en spray para desinfectar las bolsas al momento de la entrega y desinfección diaria de las mochilas y motocicletas.

Los clientes también toman sus medidas de bioseguridad a la hora de recoger sus pedidos, evitando el contacto físico y con pagos en línea. 

Daniel Quispe trabaja en como delivery desde mayo de este año. A pesar de la cuarentena que rige en Santa Cruz, pedalea en su bicicleta más de 50 kilómetros diarios para entregar los pedidos. “Siempre uso guantes y barbijo, evito el contacto con el cliente y dejo su pedido desinfectado sobre mi mochila o una superficie desinfectada. Debemos cuidarnos todos”, explica.

Cuando el gobierno autorizó la venta de comida a través del delivery, el sector gastronómico se puso manos a la obra para volver al ruedo de forma segura. Las cámaras gastronómicas de los diferentes departamentos, en alianza con empresas como Embol, organizaron días especiales para incentivar este servicio.  Así surgió el Día del Delivery, una jornada con resultados exitosos y que propuso entregas sin recargo y promociones especiales. Los números arrojaron un 50 % de aumento en las ventas, y eso impulsó al sector a dar otro paso: la Semana del Delivery. Del 22 al 26 de junio, los restaurantes volvieron a ofrecer descuentos y combos especiales, y el éxito dijo nuevamente presente.

Desde la perspectiva de los emprendedores, la incorporación del delivery fue crucial para salir adelante. Soraya Fernández, propietaria del snack “Buenas Migas”, ubicado en el centro de la ciudad, cree que las entregas a domicilio salvaron su negocio y le permitieron conservar a sus empleados. La emprendedora se asegura de enviar los productos desinfectados y cuida que el trabajador que realiza la entrega cumpla las medidas de protección: “El delivery me ha ayudado bastante, es una gran alternativa para seguir vendiendo”.