Un bebé utiliza un promedio de seis pañales por día; es decir, unos 5.400 pañales durante sus primeros dos años y medio de vida. Es más de una tonelada de residuos por niño. El impacto que tiene estos productos en el medio ambiente es mayor aún si se tiene en cuenta que los principales componentes de los pañales desechables son la celulosa -proveniente de los árboles-, y derivados del petróleo -polipropileno, polietileno, adhesivos y plásticos-.

Consciente de esta problemática y de la necesidad de muchas familias de contar con un producto hipoalergénico y más económico, Fabiola Leaños emprendió su propio negocio de pañales de tela. Una alternativa ecológica que gana adeptos en Santa Cruz.

En un día normal Fabiola Leaños debe dividirse en tres: ayuda a su padre con la administración de su instituto de prótesis dental, colabora con el relanzamiento de la academia de costura de su mamá y atiende su tienda de pañales ecológicos “Mamita”, que funciona en el primer piso de su casa en el centro de Santa Cruz.

Fabiola estudió Administración de Empresas, tiene 29 años y está casada. Antes de convertirse en madre quiere lograr muchos objetivos personales y profesionales, entre ellos consolidar su emprendimiento ecológico. La originalidad de su iniciativa le ha valido para ser seleccionada, junto a otros 10 bolivianos, para el Programa de Jóvenes Líderes de las Américas de la Embajada de Estados Unidos. En ese marco, realizó una beca de intercambio junto a otros emprendedores, donde tendió importantes redes de contactos y recibió capacitación en el área que le interesa: la producción de accesorios para bebés.

Journey visitó su espacio de trabajo, donde un cartel advierte que “con el uso de pañales de tela se cuida el medio ambiente, además de ahorrar más de 1000 dólares en un año”.

Su madre, Neidy Anglaril, fue su mentora: “Mi sobrino era alérgico a los pañales desechables, entonces mamá le diseñaba pañales de tela”, relata Fabiola, “ella confeccionó con sus propias manos más de 80 pañales de tela y creó los cinco modelos que hemos patentado. Yo tomé esos modelos, conseguí las telas especiales y entablé contactos afuera, donde  existen las máquinas especiales para los botones”, señala la empresaria.

En la visión de Fabiola, la escala de producción debía ser importante. Por ese motivo, contactó proveedores de telas antialérgicas en China, además de una fábrica a donde envió los diseños. Su primera importación fue de 2000 unidades y ahora importa alrededor de 4000 unidades en 54 diferentes colores cada seis meses.

Sus diseños son ergonómicos y fáciles de usar y “agrandar” conforme va creciendo el bebé, por el diseño con botones y velcros, especiales y suaves. Su tiempo de vida útil es de 1 a 3 años. “Las mamás que más buscan este tipo de pañales son las que residen en el campo y la zona occidental del país, son más ahorrativas y amigables con la reutilización de las prendas”, explica.

Con la meta de ser 100% bolivianos

Fabiola se ha propuesto en menos de un año instalar una planta de producción con mano de obra boliviana. Para ello, cambiará de estrategia comercial: importará solo las telas y comprará la máquina de botones, que ya ha cotizado en Argentina. “Queremos expandirnos como marca boliviana, la mano de obra es de calidad en nuestro país y nuestra idea es exportar nuestra producción a Chile, Argentina y Estados Unidos”, relata emocionada a Journey.