Una hilera de bicicletas atraviesa la carretera que une a Santa Cruz con la población de Porongo, a 18 km de la ciudad. La vía asfaltada y el poco tránsito vehicular convirtieron esta ruta en una de las favoritas de los ciclistas santacruceños. Cada fin de semana, los días festivos e, incluso, los días entre semana, mujeres y hombres de todas las edades se juntan para practicar este deporte, que cambió los hábitos de miles de personas en los últimos tiempos.

Lo que empezó hace 20 años como una aventura de unos pocos ciclistas que recorrían simples senderos o arenales, ahora es una realidad que reúne a 7,000 ciclistas agrupados en 73 clubes de pedaleo en toda Santa Cruz. El uso de la bicicleta se ha convertido en una tendencia, no sólo para quienes quieren practicar este deporte, sino también para quienes eligen el birodado como medio de transporte urbano.


 

En este contexto, el 1 de julio pasado se organizó la primer Powerade Race, una competencia que reunió a más de 4,000 ciclistas en la comunidad de Pedro Lorenzo, a 23 kilómetros de Santa Cruz. Coca-Cola y la embotelladora Embol aprovecharon la ocasión para reconocer a activistas, organizaciones y deportistas destacados.

El auge de la bicicleta, que se ha  triplicado en los últimos años en Santa Cruz, no es indiferente en el resto de las ciudades del país. En La Paz, la Alcaldía ha establecido días específicos de pedaleo en diferentes zonas de la ciudad. Y también se han creado grupos de ciclistas que salen a pedalear una vez por semana en Oruro, Cochabamba, Sucre, Tarija, Riberalta y Camargo, entre otras ciudades.

A nivel nacional ya se han registrado más de 350 clubes en las diferentes asociaciones de ciclistas departamentales. Según la Unión de Ciclistas de Bolivia, presidida por Santiago Montero, son más de 200.000 ciclistas activos los que salen a pedalear por toda Bolivia, no solo en las grandes ciudades, sino también en poblaciones y áreas rurales.

MUCHO CAMINO POR RECORRER

Un tema delicado de esta práctica es cómo resguardar la seguridad de los ciclistas en el tránsito. Algunas ciudades como Cochabamba, Oruro y Tarija ya tienen reglamentos aprobados y en vigencia. Además de la educación de los conductores de autos y de los propios ciclistas y las señalizaciones adecuadas, una solución son las vías sólo para ciclistas. Aunque su construcción va a paso lento en ciudades como Tarija, Trinidad y Cochabamba, ya existen algunos espacios específicos destinados para la circulación de los ciclistas.

Además de presidir la Unión de Ciclistas de Bolivia, Santiago –de 36 años- dirige la Unión de Ciclistas de Santa Cruz, que comparte actividades y rutas en la región a través de las redes sociales. Pero su activismo va más allá y ahora está promoviendo la creación del Código del Ciclista y la construcción de ciclovías en la zona.

En  diálogo con Journey, Santiago reconoce que hay mucho camino por recorrer, pero también mucho potencial. Por ejemplo, las plataformas y redes han impulsado el turismo ciclista y ya reciben preguntas de decenas de extranjeros sobre las rutas seguras para hacer ciclismo en el país.

“Es nuestro momento de hacer cambios en Bolivia. El 60% somos jóvenes y está naciendo una nueva identidad comprometida con el medio ambiente y la salud. Debemos reforzarla con principios y el amor al pedal. El que sube a una bici busca un cambio interno”,  destaca.

Y Santiago no está solo en su lucha. Las organizaciones pro-bicicleta se multiplican.  Mónica Gamarra, es una apasionada de la bicicleta que vive en Santa Cruz, pero es oriunda de Cochabamba. Hace cuatro años decidió hacer de éste su medio de locomoción y fundó el movimiento “Dame metro y medio de vida”, con el que promueve la educación vial para los ciclistas.

Aunque Mónica y una compañera fueron arrolladas mientras practicaban bicicleta, las malas experiencias no la han detenido, sino que la motivaron a llevar el estandarte a favor del respeto de los ciclistas a varios lugares del país. Mónica cree que es imprescindible crear conciencia ciudadana ahora que la población sobre las dos ruedas se ha masificado.

“Cuando sufrimos en carne propia las cosas, más ganas le ponemos para que mejoren y sean satisfactorias para el bien común. Primero se debe enseñar a los conductores el cuidado  y respeto que se debe tener con los ciclistas”, aclara a Journey Mónica, convencida que esta revolución no va a parar.