Martha Cronembold es una de las chatarreras más grandes de la ciudad de Santa Cruz y del país. Heredó el oficio de su padre y hace 30 años acopia material reciclable en su almacén del centro de la ciudad. Journey visitó su negocio donde recibe residuos reciclables que acopia, selecciona y exporta. 

A las siete de la mañana en punto Martha Cronembold abre su almacén de chatarra, en las cercanías del mercado Los Pozos, en el corazón de Santa Cruz de la Sierra. Los proveedores empiezan a llegar con bolsas con fierros, cobre, latas de cerveza, utensilios de cocina, baterías de carros, y muchos otros desechos. Los recibe una enorme balanza sobre la acera y una más pequeña que cuelga de la puerta.

La vida de Martha no ha sido fácil. Hace 30 años quedó viuda y con dos niños, sin oficio y solo con la primaria terminada. Ante este panorama no lo pensó dos veces y se lanzó a las calles a recoger material reciclable. Empezó de cero: primero recolectó papel y botellas plásticas que vendía a los intermediarios de las empresas recicladoras. Pero pronto aprendió que podía obtener más ganancias si se dedicaba a la recolección de metales.

Hoy, a sus 50 años, Martha es una de las empresarias más importantes de este rubro en Bolivia: una mujer que genera más de 500 empleos indirectos. Su olfato para los negocios le permitió exportar aluminio, bronce, hierro, cobre y acero inoxidable a Brasil, Japón y Perú. Esto le ha valido la afiliación a la Cámara de Exportadores (Cadex) en el rubro de Metales.

“Mis amigas me dicen qué haces en ese trabajo sucio lleno de basura, te ayudamos a conseguir otro en un banco. Ellas no saben que gracias a este trabajo me he levantado, y lo que podría ganar en una oficina yo lo gano aquí en unos días. Tengo mis casas y vehículos, y todo gracias a la chatarra”, explica. Su hijo John Prado Cronembol, abogado de 23 años, continúa el legado de su madre y elige trabajar en el centro de acopio construido por Martha.

Ella es una mujer que no le teme a nada y con un olfato singular para los negocios. La “reina de la chatarra”, como la conocen en su rubro, es una experta en metales, reciclaje, ecología, trámites aduaneros y bancarios, exportaciones, e incluso está pendiente del movimiento de la Bolsa de Valores y el precio internacional de los metales.

Martha considera que todo material puede tener una segunda vida, y no desperdicia nada de lo que llega hasta su almacén. En un pequeño cuarto donde montó una oficina improvisada, anota cada compra que hace en su computadora. Una vez por semana traslada el material acopiado a otro depósito más alejado del centro de la ciudad, donde selecciona los desechos que serán exportados a Brasil.

“Mi vida entera transcurre en este cuarto, estoy de siete de la mañana a siete de la noche de lunes a sábado. Aquí desayuno, almuerzo y ceno. Una vez quise descansar pero me enfermé porque extrañaba mis fierros y he decidido que voy trabajar en esto hasta que me muera”, afirma mientras suspira y recorre con la mirada su depósito.