Hace diez años que Bernardina Mejía y su marido dejaron su Cochabamba natal en busca de mejores condiciones de vida para sus hijos. Actualmente instalados  en la Urbanización El Recreo, al este de la ciudad de Santa Cruz, Bernardina decidió emprender su propio negocio:

aprendió el oficio de su esposo y montó un pequeño taller de carpintería. Roberto con paciencia le enseña los secretos del oficio en el que trabaja desde hace 30 años. Bernardina sabe armar, lijar, clavar, pintar, pulir y barnizar. El boca a boca y la calidad de sus trabajos le valieron la confianza de los vecinos, quienes le encargan la reparación de sus muebles.

“Cada vez las personas son conscientes y reparan sus muebles antes de tirarlos a la basura. En otros lugares residenciales los botan, pero en los barrios los rescatamos para darle más vida útil”, afirma la carpintera mientras mira las obras pendientes.

Bernardina tiene muchas ganas de aprender nuevas técnicas en la elaboración de muebles de materiales más livianos, como el laminado melamínico,  muy solicitados en edificios y condominios modernos. “Las mujeres aprendemos rápido y podemos trabajar en cualquier oficio que nos propongamos”, asegura con aplomo.