Es domingo en la mañana en La Paz. La experiencia de Lidia Romero se percibe con solo mirarla. Con soltura y aplomo comienza una nueva jornada de trabajo; se pone los guantes, toma las herramientas y camina decidida al rincón del centro de enseñanza que refacciona junto a una cuadrilla de mujeres albañiles. A sus 49 años, esta maestra albañil es experta en pintura y colocado de cerámica. Al principio no fue fácil pero su convicción y el gusto por el oficio la impulsaron a ser una de las fundadoras de la Asociación de Mujeres Constructoras (Asomuc).

“Podemos hacer todo lo que nos propongamos, no solo pasar los ladrillos. Las mujeres somos detallistas y al final hemos demostrado que nuestro trabajo es de calidad. Las barreras están en nuestra mente y hay que romper esquemas” dice Lidia con firmeza, quien hoy ocupa el cargo de Secretaria de Proyectos y Programas de la gremial.

Sin embargo, también hay barreras reales que las mujeres albañiles deben derribar para mejorar la calidad de su trabajo. Una de ellas es la brecha salarial entre hombres y mujeres. “Se dice que hay un 20% de diferencia en los salarios, pero llega hasta un 40%. Debemos luchar para mejorar nuestras condiciones laborales”, asegura con la voz entrecortada María Antonieta Cruz Mayta, Secretaria General de Asomuc.

Para hacer frente a la desigualdad de oportunidades en los procesos de selección laboral, tres socias de Asomuc crearon la primera empresa de construcción integrada únicamente por mujeres, a la cual llamaron WarmiCons -warmi es mujer en aimara-. Este emprendimiento nació de la necesidad de adjudicarse obras de forma directa y no depender de otras constructoras que optaban por seleccionar albañiles hombres. El primer trabajo de WarmiCons fue otorgado por el municipio paceño, que les adjudicó la obra de refacción de 60 colegios.


 

María Antonieta relata lo difícil que es lidiar en un mundo tradicionalmente masculino, en el que la discriminación es moneda corriente. Pese a las barreras y prejuicios, las mujeres albañiles buscan irradiar a más mujeres con su entusiasmo para organizarse y alcanzar logros colectivos. Con esta meta en mente, en febrero se reunieron en Santa Cruz con representantes de mujeres albañiles de diferentes ciudades en el marco del segundo Congreso de Mujeres en la Construcción.

Se estima que en Bolivia más de 22.000 mujeres se dedican a la albañilería. Con el apoyo de algunas organizaciones se conformó la Red Nacional de Mujeres Constructoras y ya son más de 200 socias de Asomuc. Según datos de la Confederación de Constructores de Bolivia, la fuerza femenina representa un 30% en la construcción en uno de los sectores que mayor crecimiento económico tiene en el país (7% en 2018). Son mujeres que empezaron desde abajo, algunas acompañando a sus maridos a la construcción, otras heredaron el oficio de sus padres y otras porque necesitaban aprender un oficio que les permitiera sostener a sus familias. Al principio solo pasaban los materiales o realizaban trabajos livianos dentro la obra, pero poco a poco les asignaron tareas más exigentes como cavar zanjas, construir andamios, o pintar. Ahora levantan las paredes de casas y edificios.  

Es domingo de mañana en la ciudad de La Paz y la cuadrilla de mujeres albañiles trabaja sin descanso para entregar el trabajo a tiempo.  Mezclan pintura y lijan paredes mientras conversan animadas, sin perder la concentración ni descuidar el terminado fino de la obra.