En el marco del proyecto “Cosecha Azul”, impulsado por la Fundación Coca-Cola, mujeres indígenas aprendieron corte y confección y participaron de su primera feria de emprendedores en el Municipio de Vinto, donde vendieron sus propias prendas.

“Ya no tenemos miedo a hablar en público. Nos hemos dado cuenta que podemos aportar con dinero en la casa como nuestros maridos. Podemos confeccionar ropa y tejidos para venderlos en la ciudad”. Con soltura y aplomo, en quechua y con lágrimas en los ojos, Leonarda Córdova, dirigente de las mujeres de la comunidad de Collpa Cala Cala, explica el cambio –financiero y de autoestima- que operó en sus pares tras recibir capacitación.

El orgullo y la satisfacción se apoderaron de su relato al hablar en nombre de las mujeres que, como ella, aprendieron corte y confección en el marco del proyecto Cosecha Azul.

En un mostrador improvisado, las flamantes emprendedoras exhiben mantas, blusas, vestidos, polleras y pantalones. La escena se completa con música alegre y el aroma de un rico Pampaku -comida que se cocina bajo la tierra-, preparado especialmente para recibir a los ejecutivos de la Fundación Coca-Cola, Fundación CRS y Fundación Agrecol, impulsores de Cosecha Azul, la iniciativa que busca mejorar el acceso al agua de seis comunidades del Municipio de Vinto, y que también comprendió la capacitación de 40 mujeres indígenas para que inicien sus emprendimientos textiles.

Las coloridas prendas realizadas por las mujeres de las comunidades de Collpa Cala Cala, Collpa Central y Keraya B, ubicadas en el Parque Nacional Tunari, en el departamento de Cochabamba, son el resultado de los cursos de corte y confección al que asistieron durante dos meses y medio. 

Lo que empezó como una búsqueda de espacios para que las mujeres asumieran un rol más participativo dentro sus comunidades, se convirtió en un desafío para impulsarlas a desarrollar sus emprendimientos de indumentaria. Las mujeres asistieron a los cursos en las aulas de la escuela de cada comunidad, donde el Municipio del Vinto instaló cinco máquinas de coser y dos de tejer. “Queremos más cursos de capacitación y aprender a hacer ropa para grandes y chicos como buzos (chándal) y chamarras”, aseguró Leonarda.

Este proyecto cambió la vida de las mujeres. La inquietud y las ganas de mejorar motivó a las emprendedoras a conseguir nuevos espacios para comercializar sus prendas, como la feria de emprendimientos económicos organizado por el Municipio de Vinto.

Tito Villarroel, representante de la Fundación Agrecol, se mostró gratamente sorprendido por el cambio radical de estas mujeres en sus comunidades: “Uno de nuestros objetivos es empoderar a las mujeres en estas comunidades donde predomina la figura del varón. En el área rural las mujeres son subvaloradas, están marginadas de la toma de decisiones. Es por eso que en las reuniones con la comunidad pedimos a los comunarios que asistan con sus mujeres. Allí aprovechamos para darles charlas de gestión del agua y liderazgo”.

El empoderamiento en este grupo de mujeres es palpable en su discurso, en su economía familiar, en sus ganas de seguir emprendiendo y en hechos que hasta hace poco parecían utópicos: “incluso hemos visto que muchas parcelas ya se han inscrito a nombre de mujeres”, celebra Tito.