Recorrer el centro de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra es remontarse a la época colonial. En el corazón del casco viejo, entre casas antiguas y amplias galerías, se encuentra la plaza 24 de Septiembre, emblema del periodo independentista. A pocos pasos de allí se levanta “La Le Li Lo Lu”, un restaurante de comida rápida tradicional que ha sabido ganarse la preferencia de los cruceños con sus tortas de carne, revueltos de hígado y rebozados de panza y lengua.

La propietaria, Fela Suzaño, se mueve con soltura dentro del negocio, que ya se volvió su segunda casa. Allí, entre el ir y venir de sus clientes, habla con cariño de su infancia y de su madre, de quien heredó la receta estrella que triunfa a cualquier hora en “La Le Li Lo Lu”. La preparación de las tortas de carne no varió en los últimos 30 años y con ello, la alegría de los comensales. 

Las tortas de carne, uno de los platillos más requeridos en el lugar.


Antes de abrir este snack, Fela tenía un kiosco en el Estadio Ramón “Tahuichi” Aguilera de la ciudad, donde nació y se crió: "Mis clientes me pedían que abriera en otro lugar para comer los días que no coincidan con fechas de partidos”. Así fue como en 1990, se animó a dar el paso y abrió su restaurante. En 2008 se mudó a la calle Suárez de Figueroa. “Hemos mantenido la esencia de La, Le, Li, Lo, Lu, a pesar de que ahora es más grande”, asegura Fela.

Un luminoso cartel con el nombre del restaurante, elegido en honor a un popular juego de dados en Bolivia, invita a pasar a quienes se detienen a mirar las vitrinas que dejan ver las delicias que se cocinan dentro. Durante los siete días de la semana, de ocho a diez de la noche, el lugar se llena de clientes de todas las edades. Uno de ellos, Daniel Gutiérrez, es cliente hace 20 años: “Vengo desde que era un muchacho. Me gusta que todo es tradicional, delicioso y económico”.

Fela Suzaño, sonriente nos cuenta la historia de cómo nació “La, Le, Li, Lo, Lu”


En este lugar es común encontrarse a figuras ilustres del mundo de la cultura, del deporte y del espectáculo. "La cantante folclórica Gisela Santa Cruz siempre viene y los futbolistas aparecen a cada rato. Les gusta el rebozado de keperí", explica Dámaris Pardo, una de las trabajadoras más antiguas del local. 

“Algo que nos caracteriza es que la atención es rápida y que los clientes se van satisfechos no solo con el sabor de la comida, sino con la atención familiar que les damos”, señala Fela, que tiene bajo su cargo a cinco trabajadores dependientes, entre ellos su hija Claudia, que de forma entusiasta y consciente de la importancia de capacitarse, participó de la segunda edición del programa Gerente Pyme. Mi Restaurante, una iniciativa de Fundación Coca-Cola Bolivia y Grupo Nueva Economía que busca impulsar a dueñas de tiendas de barrio y locales gastronómicos con capacitaciones y mentorías en áreas como marketing, finanzas y, en el marco de la pandemia, también bioseguridad.

La pandemia ha redoblado la bioseguridad

La llegada de la pandemia significó un gran reto para los emprendedores, en todas las áreas. Y la creatividad ha sido la clave en común para poder adaptarse a los nuevos desafíos y seguir adelante.

Por eso, lo primero que hizo “La, Le, Li, Lo, Lu” fue adoptar todas las medidas de bioseguridad necesarias para cuidar a sus trabajadores y a sus clientes. Además, apostaron por fortalecer el servicio delivery, especialmente ante la necesidad de reducir la capacidad del local al 50%. 

Dentro del local, Fela y sus empleados procuran que los clientes mantengan la distancia necesaria y se aseguran de que todos utilicen barbijo. "El delivery ha sido una innovación en nuestro restaurante, es más seguro para los clientes que prefieren quedarse en casa. Nuestra sala tiene todas las medidas de bioseguridad”, explica Claudia, orgullosa de poder implementar en el local de su madre lo aprendido en las capacitaciones. Y agrega: “Nos hemos adecuado a la nueva realidad”.

De esta forma, atrás quedaron los días grises de los tres meses con las puertas cerradas. "Creamos stickers, nuevo logo, nuevas presentaciones de envoltorios para llevar, envases personalizados, campañas en Internet con publicidad moderna de nuestros platos. Cosa que nunca habíamos hecho ni pensábamos hacer”, explica Claudia, y confiesa: “Esta pandemia nos hizo crecer, había que buscar la manera de ser diferentes. Esta crisis nos hizo abrir nuestro mercado y modernizarnos". 

“La Le Li Lo Lu” es uno de los 113.000 clientes de Coca Cola en Bolivia, entre los cuales, el 90% son pequeños comercios que representan el principal ingreso familiar. Ellos forman parte de la extensa cadena de valor en el país, que emplea a más de 3.000 personas de manera directa e indirecta e incluye, entre otros, a choferes, operarios, repositores, almaceneros y gastronómicos.