La Fundación Coca-Cola de Bolivia trabaja para empoderar a 1.000 mujeres por año a través del programa “Gerente Pyme, Mi negocio”. Para lograrlo cuenta con el apoyo de la Red Nueva Empresa - parte del Grupo Nueva Economía - que se especializa en la creación y fortalecimiento de empresas a través de cursos de capacitación.

“Gerente Pyme, Mi negocio” es un programa de capacitación que brinda la Fundación Coca-Cola de Bolivia junto al Grupo Nueva Economía. A través de este programa, la Compañía busca eliminar los obstáculos que enfrentan las mujeres emprendedoras mediante el acceso a cursos gratuitos de formación en negocios, servicios financieros y conexiones con mentores. En 2018 se graduaron más de 1.000 mujeres dueñas de negocio de ocho departamentos de Bolivia y para este año se espera alcanzar a 1.500 emprendedoras de todo el país.

Detrás del éxito de este programa se encuentra un grupo de profesionales que diseña los cursos, selecciona el perfil de beneficiarios, y realiza un seguimiento personalizado para brindar confianza y herramientas específicas a cada alumno.  

En cuanto se anuncia una capacitación, el equipo llega a atender más de 150 llamadas diarias de potenciales beneficiarios. Pero el número aumenta exponencialmente una vez que el curso se inaugura en alguna ciudad de Bolivia: la plataforma de Red Nueva Empresa recibe hasta 27.000 consultas mensuales de los alumnos que toman la capacitación en  forma virtual.

Noelia Mollinedo está al frente de esta herramienta y, junto a su equipo, brinda asesoramiento personalizado a las becarias de “Gerente Pyme. Mi Negocio”. “Nuestro principal desafío es la tecnología. No solo las capacitamos también las motivamos para que les guste el curso y le encuentren el lado práctico para sus negocios”, explica.

 “Entre las alumnas hay profesionales, egresadas de diferentes carreras, amas de casa, hijas, madres, pero la mayoría son emprendedoras improvisadas. No saben, por ejemplo, qué es una promoción de ventas, o cómo se realiza el control de caja, y es ahí donde nosotros podemos orientarlos”, señala Noelia.

A dos años de iniciado el programa, los capacitadores logran identificar las necesidades particulares de cada beneficiaria en función del contexto de su negocio, familia y red de contactos. “Nuestro desafío no es solo darles las herramientas sino motivarles para que se vean como pequeñas y medianas empresarias. Que pueden seguir creciendo hasta convertirse en grandes empresarias”, afirma Camila Flores, Coordinadora del programa en Red Nueva Empresa. 

A la hora de diseñar los cursos, uno de los elementos que el equipo tuvo en cuenta fue el de facilitar la participación. Por ese motivo,  se optó por brindar cursos virtuales que permiten a las alumnas conectarse en el horario que les resulte conveniente, sin necesidad de descuidar el negocio ni la familia.

Este formato de asesoramiento facilita a su vez el trabajo de los técnicos que pueden continuar trabajando desde sus casas y atender consultas de noche, un horario en el que las alumnas suelen conectarse a la plataforma. La consigna es atender lo antes posible a las beneficiarias y ayudarlas a realizar las tareas del curso.

Un acompañamiento personalizado


En ese sentido, los capacitadores se comprometen con el logro de los objetivos de las alumnas y les recuerdan los plazos de entrega de los trabajos, a la vez que les facilitan material extra para ampliar sus conocimientos. En la recta final del curso, el trabajo se intensifica y deben motivar a las becarias para que se preparen para la evaluación final.

El día de la graduación es un momento muy especial tanto para las alumnas como para los capacitadores, que se enorgullecen de los logros alcanzados por las mujeres. Noelia recorre el país para acompañar la última clase presencial del curso y clausura. “En los actos de graduación ves un sentimiento de gratitud y agradecimiento. No solo es cerrar un ciclo de un curso de capacitación, también representa una apertura para que ellas puedan buscar y acceder a otros cursos a través de la tecnología. Significa ser parte de su historia y marcar sus vidas. Son sentimientos que no se reflejan en un informe, ni en una foto. Son huellas porque compartes ese instante en la que ellas se sienten realizadas como personas y emprendedoras”, comenta emocionada.