Desde pequeño, Juan Carlos Elías tiene pasión por las colecciones. Primero fueron las latas de gaseosas, tarjetas telefónicas, cajetillas de cigarro y álbumes de figuras de los mundiales. Ahora, con 31 años, su afición encontró su “verdadero” camino en los vasos de Coca-Cola. Este administrador de Empresas y Ejecutivo de Marketing de Embol (embotelladora de Coca-Cola) comenzó a coleccionarlos hace dos años. Primero los pedía o intercambiaba con su familia y amigos, pero luego el círculo se fue ampliando a amigos de amigos, después a personas desconocidas de otras ciudades y ahora, gracias las redes sociales, se ha contactado con coleccionistas en México, Ecuador y Chile, lo que le ha permitido conseguir ejemplares que no tenía.

“Un día me di cuenta que tenía 12 vasos diferentes cuando estaba limpiándolos y al observarlos vi que eran bonitos y empecé a rastrearlos en la casa de mi papá, hermanos, otros familiares y amigos”, explica respecto al comienzo de su colección, que actualmente consta de 80 piezas.

Juan Carlos guarda su tesoro en un cuarto especial de su casa, cuya puerta cierra con llave cuando recibe de visita a sus sobrinos o hijos de amigos para evitar que alguno rompa uno de los vasos.

Su sed de coleccionarlos va más allá de una simple afición: a donde va intenta conseguirlos. “Me hace pasar vergüenza porque en cualquier visita debe hacer la bendita pregunta de si tienen un vaso de Coca-Cola”, bromea su esposa Daniela, quien lo apoya para conseguir  “sus vasitos, que lo ponen alegre como un niño”.

Cada vaso,  una historia

Cada objeto de su colección encierra una historia: algunos vasos se los trajeron amigos desde países lejanos, e incluso ya tiene un vaso del Mundial de Rusia 2018. Otros llegaron desde Ecuador, como una colección especial de ocho coloridos vasos del campeonato de fútbol que representan a diferentes países. Juan Carlos confiesa que trasladarlos fue una odisea y pagó hasta 12 dólares por cada uno, incluyendo toda una logística de transporte por tierra y aire.

Para completar su colección  más antigua, que data de los 90’ y consta de 10 vasos, debió contactar a cinco personas diferentes. “No fue fácil conseguirlos“, acota, mientras manipula sus vasos con mucho cuidado.

En su colección tiene vasos de vidrio, porcelana, plástico y hasta ecológicos de cartón. A todos los cuida por igual y dice orgulloso que no se le ha roto ninguno. Su próximo objetivo: exhibirlos en su sala en un mueble especial y seguro que mandará a construir cuando pase los 100 ejemplares. Y su objetivo no parece lejano, ya que activa en grupos de coleccionistas internacionales que atesoran diferentes artículos de Coca-Cola e intercambian todo tipo de piezas que la compañía ha promocionado en diferentes épocas y países.