Eloísa Apaza Ribera investigó el poder degradador de hongos encontrados en el Vertedero de Normandía de la ciudad de Santa Cruz y comprobó sus beneficios para el medio ambiente.

Desde que inició la carrera de Ingeniería Ambiental en la Universidad Gabriel Rene Moreno, Eloísa Apaza Ribera sueña con descubrir la forma de contrarrestar el impacto de los desechos plásticos en el medio ambiente. Durante tres años buscó un hongo capaz de destruir los plásticos de baja densidad -presente en bolsas, pañales y juguetes, entre otros- y arribó a conclusiones optimistas: los microorganismos presentes en los vertederos, especialmente los que se encuentran bajo tierra varios años, desarrollan la capacidad de acondicionarse al plástico como su única alternativa de alimentación.

Eloísa habla pausado pero acelera las palabras al mencionar sus hongos y su poder enzimático de romper moléculas del polietileno. Para su trabajo de campo, la investigadora visitó vertederos clandestinos, algunas veces sola y otras acompañada de su tutora académica. Con el apoyo del municipio logró estudiar la fosa cinco sellada de Normandía, de 12 años de antigüedad y que se adecuaba a los requisitos de su diseño experimental.

Tras sucesivas investigaciones, en tres oportunidades verificó el efecto de los hongos sobre trozos de bolsas plásticas nuevas y comprobó lo siguiente: a los cinco días el 18% del plástico se había desintegrado, a los diez días el 23%, y al cabo de 30 días la degradación había alcanzado el 24%.

Estos hongos -cuyos nombres científicos son asperguillus flavu, asperguillos niger y fusarium- tienen propiedades degradadoras que hasta ahora no se habían estudiado. Sin embargo, también puede ser tóxico en grandes cantidades y al aire libre, por lo que se recomienda manipularlos en aislamiento.

Santa Cruz es una de las ciudades más grandes de Bolivia y la que genera mayor cantidad de residuos a nivel nacional, aproximadamente 1.700 toneladas diarias, según datos del municipio. “No hay manera de reciclar los plásticos de baja densidad porque ya están sucios, contaminados y muchos empresarios o el Estado no quieren invertir para tratarlos y reciclarlos. El 12% de los residuos es plástico y hay poco espacio para los rellenos: en vez de enterrarlos se puede implementar un proyecto que triture todo ese plástico, se lo coloque en tanques y se le agreguen los microorganismos”, explica Eloísa.

Si bien la primera fase de la investigación concluyó con resultados prometedores, la joven busca obtener una beca para continuar con la segunda etapa del trabajo. La investigadora quiere estudiar un postgrado en Biotecnología para especializarse y así poder implementar un método que permita degradar a gran escala. “Quiero continuar con investigaciones que reduzcan el plástico en el planeta. (...) El ecosistema está colapsando en el mundo entero. Si no hacemos algo para revertirlo será tarde”, advierte.

Los resultados de su trabajo le valieron a Eloísa ganar el primer lugar en la Feria Internacional de Ciencia y Tecnología de universidades de Santa Cruz. “Los investigadores abrimos caminos; yo di el primer paso. Hace falta el apoyo de las autoridades académicas y gubernamentales para seguir investigando”, aclara, mientras que anuncia su deseo de retomar la investigación una vez aprobada la tesis.