“Hecha Bolsa” es un emprendimiento que a partir del upcycling da una segunda vida a desechos plásticos y textiles, convirtiéndolos en bolsas multipropósito de larga duración. Tres mujeres pusieron su arte y creatividad al servicio de un proyecto amigable con el medio ambiente. 

Preocupadas por las calles sucias y las inundaciones que ocasionan los canales obstruidos tapados con bolsas plásticas, tres mujeres se pusieron manos a la obra para cambiar la realidad en Santa Cruz.

La expresión popular “estoy hecho bolsa” cobra un nuevo sentido a partir del proyecto impulsado por Claudia Otazú, Carolina Suárez y Renata Freitas. “Hecha bolsa” surge para acabar con los materiales desechados tras un único uso y convertirlos en bolsas resistentes. Es una propuesta medioambiental, pero a la vez artística, en la que el material menos pensado puede terminar convertido en una bolsa ecológica.

Estas tres profesionales exitosas -Claudia es ingeniera en alimentos, Carolina es administradora de empresas y Renata es comunicadora social-, reunieron su talento y amor por la naturaleza y el arte para dar vida a un sueño compartido. Las bolsas que producen son artesanales, pintadas a mano una a una y confeccionadas por aliados. Se trata de piezas únicas y con mucha historia para contar.

El proceso creativo parte del concepto de upcycling y los materiales que utilizan son lonas publicitarias y otros textiles en desuso. Su producción está sujeta a la demanda y varía de acuerdo a los pedidos. Su proyección a mediano plazo es abrir su propio taller para poder dar trabajo a otras mujeres. De momento los sábados son sagrados, es el día que destinan a elaborar las bolsas en espacios compartidos con otros colectivos pro medio ambiente.

Claudia considera que más que un emprendimiento es un llamado a la ciudadanía para cambiar los hábitos de uso de bolsas plásticas. “Creemos que la acción de cada individuo tiene impacto en su alrededor. Queremos que nuestro impacto sea positivo, empoderado y enriquecedor. ‘Hecha bolsa’ busca crear valor integral para el mundo, promoviendo formas de organización económica que puedan ser medidas desde el bienestar de las personas, las sociedades y del planeta”, remarca.

“¿Vale la pena usar una bolsa plástica, que toma 200 años en ser degradada, por apenas 15 minutos?”, se cuestiona Claudia a tiempo de reivindicar su compromiso con esta cruzada en pro del consumo consciente.

Mientras tanto, muchas empresas, artistas y colectivos se han sumado al proyecto, aportando con intercambio de servicios y participación artística en la creación de las bolsas. Cada intervención está pensada y organizada para aprovechar todo el material disponible y reunir aliados y voluntarios que se quieran sumar a la causa de un consumo consciente.

Datos curiosos

• Según un estudio presentado en el Foro Económico Mundial, al menos 8 millones de toneladas de plástico terminan en el océano cada año. De seguir así, y no mejorar el proceso de reciclaje, para el año 2050 habría más plástico que peces en el mar.

• La cantidad de plástico producida desde la II Guerra Mundial hasta hoy sería equivalente a la cantidad necesaria para envolver la superficie de la Tierra con film de plástico.

• Si se hace una fila con todas las bolsas de plástico producidas en el mundo se podría dar 4.200 vueltas al planeta entero.

• 160.000 bolsas plásticas son utilizadas cada segundo y apenas el 3% son recicladas.