“En 2015 la sequía nos puso en alerta. El caudal de agua disminuyó en un 60% y solo teníamos agua dos horas al día. Tuvimos que actuar rápido para revertir la situación”, contó a Journey Víctor Trujillo, concejal del Gobierno Autónomo Municipal de Villa Abecia.

En esta localidad del departamento de Chuquisaca, rodeada de sierras y viñedos, los vecinos vieron cómo sus fuentes de agua comenzaban a desaparecer. La sequía los obligó a racionar el uso de este recurso y a buscar soluciones inmediatas para preservar los ojos de agua. Estos manantiales naturales se forman a partir de cursos subterráneos, y en Villa Abecia abastecen a más de 3.000 personas.

Alertados por la situación, autoridades locales y vecinos aunaron esfuerzos para proteger sus fuentes de agua. Con recursos del municipio y otras organizaciones, como la Cooperación Suiza, se llevó adelante un proyecto medioambiental en La Tonca, a tres kilómetros de Villa Abecia.

A través de una alianza con la Cooperativa de Servicio de Agua Potable y Alcantarillado, una de las medidas que tomaron fue cercar 12 hectáreas para evitar el paso de ganado para proteger las vertientes. De este modo, evitaron que los animales coman alrededor y contaminen el agua con sus deshechos. También reforestaron ocho de las 12 hectáreas con especies nativas para garantizar la filtración de agua a través de los árboles. La conservación de una hectárea de bosque proporciona 700 m3 más de agua limpia al año que equivale al abastecimiento de agua para diez familias en un año.

“Antes no se tenía conciencia del cuidado del agua. Ahora es lo que más cuidamos. La cooperativa de agua está a cargo del cuidado y mantenimiento de los ojos de agua. Los colegios también visitan permanentemente el lugar para hacer la limpieza y deshierbar. Todos estamos comprometidos”, explicó a Journey José Daniel Ayma, uno de los promotores del proyecto y vecino de la zona.

A dos años de la implementación de las medidas para contrarrestar los efectos del estrés hídrico en el suelo, la situación se logró revertir. Otra de las acciones que contribuyó a este logro fue la colocación de medidores de agua. “No se tenía un control del agua, se regaban los viñedos, había derroche. Por eso no abastecía nuestro almacenamiento de agua y se tenía que racionar cuando la situación ya era crítica. Ahora tenemos agua todo el día. La gente es consciente y la cuida”, confiesa Nora Choque,  Directora de la Unidad Educativa 23 Marzo y vecina del lugar. Nora visita los ojos de agua junto a sus estudiantes dos veces por año para hacer limpieza como parte de su currícula.

Coca-Cola y sus fábricas de agua

En Bolivia, la Fundación Coca-Cola lleva adelante dos proyectos vinculados a la protección y reposición de agua. Ambas iniciativas lograron hasta el momento proteger 25.000 hectáreas de bosque y reponer más de 2,5 millones de metros cúbicos de agua a los acuíferos.

En asociación con la Fundación Natura, el programa de reposición de la huella hídrica boliviana busca conservar los ecosistemas boscosos en las cuencas de los ríos Grande y Piraí. En 2019 la iniciativa llegó a cuatro municipios en el norte de La Paz a través de los Acuerdos Recíprocos por Agua (ARA), que brinda incentivos a productores locales a cambio de la protección de bosques.

En Cochabamba, la Compañía implementó el programa “Cosecha Azul”, que busca aumentar la cantidad y calidad de agua de la población y optimizar la producción agropecuaria en las localidades rurales. La iniciativa, liderada por la Fundación Coca-Cola y la organización no gubernamental Catholic Relief Service (CRS), en alianza con la Fundación AGRECOL Andes, tiene como objetivo restaurar la Cuenca de Pairumani mediante sistemas agroforestales que permitan mejorar la recarga hídrica en la cuenca.