Neida Tamayo lleva 50 años recolectando residuos reciclables. Desde pequeña estuvo familiarizada con el aprovechamiento de los recursos, pero pasarían varios años hasta comprender que su trabajo ayudaba a cuidar el medio ambiente. “Al principio recogía cartones, metales y plásticos por el dinero. Era solo un negocio. Después entendí que era algo más grande reciclar y me vino la culpa. Desde entonces no hay ni un día que yo no recicle pensando que estoy cuidando el medio ambiente. Me da pena ver una calle o un parque sucio”, afirma.

Neida actualmente preside la Asociación de Recicladores de Santa Cruz, que aglutina a más de 300 recicladores activos. Desde hace tres años acude todos los días, junto a otras 50 personas, a la Planta de Separación de Residuos Sólidos que existe en el vertedero de Normandía, al sudeste de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra.

La ciudad genera 2.000 toneladas diarias de basura, de las cuales solo cuatro son recogidas por los 15 camiones especiales del “Servicio 9”. De estos desechos, el 75% corresponde a cartón y papel, el 15% a vidrio y el 10% a plástico.

El rostro de Neida cuenta muchas historias, algunas tristes, otras felices. Sin embargo, esta madre de dos hijas universitarias duerme tranquila al saber que hace algo a favor de las próximas generaciones. “Cuando uno es madre piensa sobre qué mundo quiere dejarle a sus hijos y yo quiero uno donde no haya basura. No voy a descansar hasta que nuestras condiciones laborales mejoren y que se dignifique el trabajo de los recicladores. Somos los que de verdad le ponemos el hombro a la naturaleza”, asegura con orgullo Neida.