Mamut elabora baldosas a partir de aserrín de caucho reciclado. Una vez que culmina su vida útil se reinicia el ciclo: vuelven a la planta y son procesadas nuevamente para volver a convertirse en pisos.

En un céntrico parque infantil de la ciudad de Cochabamba decenas de niños juegan, corren y saltan sobre las coloridas baldosas de caucho. Esta superficie que les permite divertirse de manera segura es fabricado en Bolivia a partir de restos de neumáticos en desuso y forma parte de un emprendimiento familiar que apuesta por la sustentabilidad.

La empresa Mamut nació en 2013 por iniciativa de dos hermanos, Antonio y Manuel Laredo, que querían formar un negocio social y amigable con el medioambiente. Sorprendidos por la enorme cantidad de neumáticos que se apilaban sobre la calle Barrientos y en la población de Vinto, a solo 30 minutos de la ciudad de Cochabamba, decidieron postularse a un concurso de la Fundación Maya, que fomenta a las pequeñas empresas y a los emprendedores. Fue así como consiguieron un capital semilla de 4 mil dólares para iniciar con su proyecto, en el que se utiliza llantas viejas para fabricar pisos amortiguantes y ecológicos.

“Hay más neumáticos que habitantes en Bolivia. Es un problema muy grave. Por eso decidimos hacer algo que nos beneficie a todos”, explica a Journey Antonio Laredo, Desarrollador de Negocios de la empresa. Solo en 2019 se produjeron 40 mil metros cuadrados de pisos amortiguantes, logrando reciclar mil toneladas de caucho; es decir, unas 300 mil llantas.

Las baldosas se fabrican a partir de aserrín de caucho reciclado, al que se le agrega colorantes antes del tamizaje y prensado.

Antonio está convencido que para encontrar soluciones reales al problema de los residuos hay que ser creativos: “Mamut nace como una idea para combatir un problema medioambiental y para ello tuvimos que hacer las cosas diferentes. En estos cinco años hemos atravesado momentos difíciles porque primero teníamos que desarrollar mercado, generar que nuestros productos sean requeridos para la empresa pública y privada. Visitamos cada uno de los municipios del país, a muchas personas, tocamos muchas puertas e hicimos un trabajo de concientización y desarrollo de mercado que fue exitoso. Empezamos reciclando 80 toneladas de llantas en desuso ahora estamos revalorizando más de mil toneladas año”.

 

El impacto social, ambiental y económico que tiene la empresa en Bolivia le valió el reconocimiento como empresa B y a su vez, ha recibido varios premios nacionales e internacionales por su aporte al medioambiente. Además, trabaja bajo el modelo de economía circular, ya que cuando las baldosas de caucho cumplen diez años de uso, no se eliminan del mercado sino que vuelven a tener vida útil al volver a la fábrica. Por otra parte, Antonio es presidente de la Fundación para el Reciclaje (FUNDARE), que junto a la Fundación Coca-Cola de Bolivia, forma parte del Proyecto de Reciclaje Inclusivo que lleva adelante la Fundación Avina en cuatro ciudades del país.

Mamut sentó un precedente en el mercado boliviano y ahora ejecuta su plan de expansión a otros países. Desde 2019 trabaja para escalar su modelo económico y de impacto medioambiental a otros países como Uruguay y Paraguay, donde implementarán plantas de caucho granulado. “Hemos transformado nuestra visión y hemos pasado de fabricar y vender  baldosas a crear ciudades sostenibles. Nuestro crecimiento ha dependido de la voluntad de las personas y de la construcción de un equipo joven que tiene un compromiso con el medioambiente”, sostiene Antonio.

Una producción circular

Mamut accede al caucho reciclado a partir de los residuos de los recicladores artesanales que fabrican macetas y objetos de decoración, de negocios que hacen mantenimiento a los neumáticos y que producen aserrín de caucho, y de una fábrica de trapeadores de piso que produce aproximadamente 20 toneladas al mes de desechos granulados de caucho.

Tras conseguir la materia prima, en la planta se  limpia el material y se le agrega el colorante. Posteriormente pasa al proceso de tamizaje y prensado en máquinas especiales donde se compacta y corta.

Estas baldosas ya se utilizaron en más de 700 obras a lo largo y ancho de Bolivia en parques infantiles, gimnasios, canchas deportivas de atletismo, canchas recreativas, circuitos bicicross o canchas sintéticas, entre otros. Anualmente producen 40 mil metros cuadrados de pisos amortiguantes. Cada vez su demanda es mayor y los directivos tienen proyectado exportar el producto a otros países de América Latina, África y Europa dentro de los próximos cinco años.