La Fundación Coca-Cola Bolivia y sus socios estratégicos Roots For Sustainability (R4S), la Fundación para el Reciclaje (Fundare) y Fundación Avina, donaron compactadoras de botellas de PET y cartón a las tres agrupaciones de recolectores de Santa Cruz, en el marco del proyecto de reciclaje inclusivo IRR. Un paso más en el compromiso de la Compañía por Un Mundo sin Residuos.

“Antes era más volumen que peso. La compactadora, o prensa, como la llamamos nosotros, es muy importante porque nos va permitir tener el trabajo más organizado, más limpio y, sobre todo, hacer mayores volúmenes de carga para transportar nuestro material para las ventas”. En esas pocas palabras, Adalid Viruez, presidente de la Asociación de Recolectores de Porvenir -que es parte de la agrupación Arecicruz en Santa Cruz-, resume lo mucho que para ellos significa la incorporación de una compactadora de reciclables a su trabajo diario.

Y lo que para ellos es más y mejor trabajo, se traduce en una recompensa para el ambiente y todo el planeta: y es que más y mejor reciclaje es también un mejor mundo para la actual y las siguientes generaciones. Con eso en mente, el proyecto de Reciclaje Inclusivo IRR -del que forman parte la Fundación Coca-Cola de Bolivia,  Roots For Sustainability (R4S), la Fundación para el Reciclaje (Fundare) y Fundación Avina, entre otros- entregaron tres compactadoras que permitirán mejorar el trabajo de unas 5.000 familias que viven del reciclaje en Santa Cruz, vinculadas a la Red de Recolectores, Bolivia Unida y la agrupación Arecicruz.

“Nuestra intención con esta entrega puntual es continuar fortaleciendo a las asociaciones en su consolidación dentro de la cadena de valor del reciclado. Su trabajo será menos manual y tendrá mayor cobertura”, explica Claudia Fernández, en representación de la Fundación Coca-Cola Bolivia.

Esta donación del proyecto de Reciclaje Inclusivo IRR, que desde 2019 fortalece el trabajo de las asociaciones de recicladores de las ciudades de Santa Cruz, Sucre, Potosí, Cochabamba y Riberalta, se suma el apoyo del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), que viabilizó los recursos para la compra de las compactadoras y también de nueve motocarros que se entregaron a nueve asociaciones de recolectores de Bolivia.

“Alrededor de esta colaboración se pretende mejorar las condiciones de trabajo de asociaciones de recicladores que, al verse una mayor cantidad de tiempo expuestos a residuos sólidos, aumentan su riesgo de contagio”, señala la Coordinadora del área de Desarrollo Inclusivo del PNUD, Gricel Ávila.

El trabajo en equipo es esencial en las agrupaciones de recolectores.


Un sueño que se convierte en realidad

Bajo un tinglado del centro de acopio de Arecicruz -ubicado en la ciudadela Plan Tres Mil, al sureste de la ciudad de Santa Cruz- se encuentra ya instalada y en pleno funcionamiento la compactadora de plástico y cartón. La manipulan dos recolectores que colocan las botellas con cuidado, quienes también amarran y apilan los fardos cuando el proceso termina.

La alegría es evidente entre la veintena de recolectores que se encuentran en el centro y miran cómo la máquina que siempre anhelaron ya es una realidad.

“Es la primera vez que nos apoyan con maquinaria y motocarros. Este aporte que nos hacen lo deseábamos hace años. Ahora tenemos la oportunidad de ver parte de nuestro sueño hecho realidad”, afirma Adalid y no oculta su emoción.

“Nos sentimos orgullosos de ser recolectores”, dice Adalid Viruez, presidente de la Asociación de Recolectores de Porvenir.

Y no es para poco. La máquina les permite compactar alrededor de ocho fardos de botellas de PET al día. Y cada fardo pesa 50 kilos. “Nos permitirá llevar más carga. Ese era uno de nuestros grandes problemas, ya que el transporte es caro y antes era más volumen que peso”, agrega Adalid.

Arecicruz es la primera agrupación de recicladores en Bolivia en contar con personería jurídica, y dentro de unos meses van a mudarse a su propio centro de acopio, comprado por los aportes de los mismos socios. Esta agrupación, que reúne a más de 10 asociaciones y cuenta con 1.400 socios, recibió además tres de los motocarros que fueron donados para optimizar la recolección.

“Nos sentimos orgullosos de ser recolectores, ayudamos al medioambiente, a la limpieza de la ciudad y trabajamos honradamente y en mejores condiciones”, concluye Adalid.

Conscientes del rol clave de los recicladores, Coca-Cola Bolivia continúa sumando acciones que van en línea con el compromiso global de la Compañía de trabajar por Un Mundo sin Residuos: una iniciativa que se propone recolectar y reciclar el 100% de los envases puestos en el mercado para el 2030.