Gracias a la implementación de un sistema de filtro desarenador, la comunidad accede a agua limpia desde de 2020. En la segunda fase del proyecto los vecinos contarán con agua potable, y ya son varios los municipios que se proponen replicar el sistema en sus comunidades.

Valentina Quilla no puede creer abrir el grifo y ver salir agua limpia. Desde que tiene uso de razón vio a su familia y a sus vecinos usar agua turbia. Acceder a agua segura en su cocina es más que un sueño, para lo cual trabajó duro junto con su familia. “Yo misma he subido arena y cemento hasta el tanque, ahora, este es mi premio, cocinar con agua cristalina, hacer mis refrescos, lavar mi ropa blanca”, sostiene muy feliz desde la complicidad de su hogar, cuyas puertas abrió a Journey.

Valentina vive en San Jacinto, una pequeña comunidad de 43 familias ubicada a 12 kilómetros de Coroico. Este lugar se convirtió en un modelo de gestión de agua a partir de la instalación de un filtro de agua. El diseño y construcción del nuevo sistema se realizó en el marco del proyecto de reposición de la huella hídrica boliviana, impulsado por la Fundación Natura y Fundación Coca-Cola Bolivia, y fueron los propios vecinos quienes pusieron manos a la obra. El modelo de Acuerdos Recíprocos por Agua (ARA) fue clave para concretar el cambio que impactará en la vida de todas las familias de San Jacinto.

La noticia corrió como reguero de pólvora en la región de Los Yungas, en el departamento de La Paz, donde el acceso a agua segura es una necesidad compartida por varias comunidades. La particularidad de este modelo es que se trata de un filtro fácil de replicar y compromete a las familias a cuidar los recursos hídricos.

A un año de la inauguración de este filtro prototipo, la comunidad vecina San Félix, ha logrado replicarlo en dimensiones más pequeñas para acceder al agua limpia. Ya están en el 90% de la construcción y en el próximo mes está previsto su funcionamiento. El municipio de Coroico con el apoyo y gestión de la Fundación Natura han sido clave para su construcción ya que la mano de obra la pusieron los comunarios.

Julián Torrico, Coordinador Regional de los Yungas de la Fundación Natura, considera que este modelo de filtro puede ayudar a mejorar la calidad de agua de muchas comunidades que actualmente consumen agua con sedimentos y lodo. “Se puede exportar el modelo a otras comunidades e incluso a mediano plazo ayudarles para que accedan al agua potable como lo hará San Jacinto”, afirma. Julián está convencido de que este proyecto es muy importante porque ayudó a los vecinos de San Jacinto a tomar conciencia de la importancia de cuidar las fuentes de agua a través de la conservación de bosques.

Trabajo en equipo

La construcción del filtro de San Jacinto estuvo a cargo de la comunidad y llevó más de un año de trabajo. Las familias se organizaron para subir el material por una pendiente ascendente de 60 grados, hasta un punto ubicado a unos 400 metros de la carretera. El filtro fue construido a lado del tanque central, que antes solo recibía el agua por politubos directo desde el río y así bajaba hasta las casas.

La infraestructura es un prototipo modelo de un “sistema de filtro desarenador”: el agua atraviesa cinco cámaras en las que hay tubos y filtros de mallas milimétricas, para llegar finalmente limpia al tanque central. El objetivo es retener y reducir los residuos sólidos como lama, turbidez y restos de animales, que quedan atrapados en el fondo de cada cámara.

“Estamos felices, por fin tenemos agua cristalina en nuestras casas. Nuestros hijos ya no se van a enfermar”, acota Gregorio Condori, ex dirigente de la comunidad.

El día de la inauguración del filtro, en marzo de 2020, la comunidad de San Jacinto recibió la visita de vecinos del municipio de Caranavi, que llegaron para ver de cerca el funcionamiento del filtro que tanta fama ganó por su singular diseño. “Este filtro es excelente porque en Los Yungas llueve bastante y el agua está siempre turbia. Necesitaríamos uno en cada una de las 364 comunidades de mi municipio”, explicó Juan Mamani, técnico del Gobierno Municipal de Caranavi.

Por su parte, los dirigentes de las comunidades de Tocaña y San Félix, ambas del municipio de Coroico, aprovecharon para tomar fotografías de la infraestructura y apuntar los detalles de las dimensiones y del funcionamiento. “Vamos a replicar sí o sí el filtro porque es algo urgente para mejorar nuestra salud a través del agua que consumimos”, acotó emocionado Nilo Vásquez, dirigente de la comunidad afroboliviana de Tocaña.

San Jacinto es una zona estratégica para el municipio, ya que allí nacen las fuentes que abastecen de agua a la población. Es por ello que el gobierno municipal se comprometió a dotar a la comunidad de equipos de cloro que permitirán obtener agua potable, a la vez que sus pobladores mantuvieron el compromiso de preservar los bosques aledaños a las fuentes de agua.

La Fundación Natura trabaja desde 2017 con el municipio de Coroico y en 2019 se incorporó la Fundación Coca-Cola. A través del proyecto de Reposición de la Huella Hídrica ya han logrado preservar un total de 2.638 hectáreas de bosque en la región de los Yungas. Siguiendo el formato de ARA, la comunidad de San Jacinto se comprometió a proteger su río Taipy monte, no solo reforestando la zona, sino preservando, durante los próximos 15 años, 101 hectáreas de bosque.

 

Acciones como el proyecto de Reposición de la Huella Hídrica impulsado por Fundación Natura y Fundación Coca-Cola, se enmarcan en la política global de cuidado de agua de la Compañía, que se traduce en la reducción de su uso, recuperación y tratamiento en las plantas embotelladoras, programas de acceso a agua en comunidades vulnerables y el apoyo a iniciativas de preservación y protección de cuencas. De esta manera, desde 2015 cumplimos el compromiso de devolver a la naturaleza el 100% del agua que utilizamos en nuestras bebidas a nivel global, una meta que alcanzamos cinco años antes de lo previsto.

Este año la Compañía Coca-Cola reafirma el compromiso con el cuidado del agua a través de su estrategia global al 2030 con una visión: lograr la seguridad hídrica para las comunidades en las que opera y para los productores agropecuarios que están al inicio de su cadena de valor. Este es un objetivo compartido con sus socios embotelladores e implica una asociación en todo su sistema y junto a los gobiernos, las ONG, el sector privado y la sociedad civil en todo el mundo para marcar la diferencia donde más se necesita. De esta forma, en la próxima década se potenciará la construcción de soluciones colectivas como las que ya transformaron la vida de más de 10,6 millones de personas alrededor del mundo.