El fuego devoró sus casas, perdieron sus cultivos y se quedaron sin agua. Ahora es tiempo de sanar la vida de los pobladores de la Chiquitania boliviana, cuyas tierras fueron arrasadas por los incendios en agosto y septiembre pasado. Con ese propósito, más de 80 voluntarios del proyecto “Sembrando Esperanza” llegaron a la comunidad de Peniel, en el municipio de Roboré, para ayudar a restaurar sus cultivos de cítricos y revitalizar el turismo.

A través de la restauración de cultivos y de la limpieza de las zonas afectadas por el incendio, el proyecto de la agrupación “El Llamado del Bosque” promueve el turismo solidario en el municipio de Roboré. Como el Ave Fénix que resurge de las cenizas, el objetivo a largo plazo es recuperar 4,2 millones de hectáreas de bosque consumidas durante la catástrofe medioambiental más grave de la historia de Bolivia.

Después del incendio, diferentes plataformas, organizaciones e instituciones se propusieron devolverle vida a la zona. Una de estas organizaciones es “El Llamado del Bosque”, que realiza actividades de preservación en las áreas protegidas. En esta oportunidad, centraron su trabajo en el municipio de Roboré, que tiene 33 comunidades y se encuentra a 400 kilómetros de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra.

“La idea es involucrar a todos los actores, desde particulares, fundaciones, municipios y organizaciones en la tarea de reconstruir la Chiquitania”, explica Gina Méndez, directora de la agrupación, que ayuda a estas comunidades que viven principalmente del turismo y que han visto reducidos a cero sus ingresos.

La primera actividad del proyecto “Sembrando Esperanza” se realizó el 7 y 8 de diciembre, cuando 80 visitantes llegaron a la comunidad de Peniel con más de 600 plantines de cítricos para reforestar 15 predios, cuya plantación había quedado reducida a cenizas.

Estos visitantes también reactivaron el turismo de la zona, que cuenta con una decena de atractivos como caídas de agua naturales, cuevas con pinturas rupestres, el Santuario de Chochís, los balnearios naturales de agua caliente y el Valle de Tucabaca con más de 260 mil hectáreas de reserva natural. “Tuvimos cinco meses de sequía, tres meses de incendios y cero por ciento de turismo. Ahora Roboré revive con la presencia de los visitantes”, enfatiza Vanesa Suárez, Secretaria de Turismo del Gobierno Municipal de Roboré.

Pero no es cualquier visita, es un turismo solidario que promueve voluntariado en las zonas afectadas. La segunda actividad se realizará a finales de diciembre en la comunidad de Aguas Calientes, donde otro grupo de visitantes limpiará el río de Aguas Calientes -el más extenso de Sudamérica-, los residuos y los restos de maleza quemada del perímetro de cinco kilómetros.

A sus 60 años, Gina es una activista comprometida con la causa medioambiental ya que también gestiona el programa “Tapitas por los Chicos” junto a sus hijos. “Dedicaré mi vida al cuidado de la naturaleza. Debemos escuchar el llamado del bosque y acudir en su rescate”, manifiesta orgullosa de su activismo.

En una segunda etapa tienen previsto trabajar con el recurso agua, para lo cual ya han realizado acercamientos con diferentes organizaciones como la Fundación Natura, que lleva adelante proyectos de reposición de agua a través de la preservación de bosques, una iniciativa apoyada por la Fundación Coca-Cola.