Johnny Mamani y Ruth Tapia son un matrimonio conocido en la ciudad de Tarija, donde en 2016 inventaron una máquina para convertir las botellas PET en hilos resistentes, que luego sirven fabricar cepillos y escobas. Desde que comenzó con el proyecto, y tras la ayuda de vecinos y recolectores, se reciclaron 225.000 botellas PET al año, lo que equivale a 14 toneladas de plástico.

“Mi vecina le decía a mi esposa que yo estaba loco por hacer sonar mis fierros en el taller durante las noches de todo un año. Cuando salió mi primera escoba se la regalé a la vecina y le dije que ese era el motivo de la trasnochada y del ruido”, recuerda Johnny Mamani de los inicios de su proyecto, el que luego se transformó en Peregrino Soluciones Ambientales, una empresa que desde hace tres años fabrica escobas y cepillos a partir del plástico de botellas PET.

El motivo de darle un nuevo valor al plástico se remonta a años atrás, cuando Johnny era propietario de un restaurante en la ciudad de Tarija. Allí veía que las botellas de plástico se tiraban a la basura tras ser usadas, y por ello buscó una manera de reciclarlas. Junto a su esposa Ruth pasaron noches enteras en vela diseñando la “máquina fileteadora de plástico”, nombre con el que patentaron su invento y que tiene un sistema artesanal de cortado y ensamblado de plástico.

La fábrica se encuentra en la ciudad de Tarija, al sur de Bolivia, y se convirtió en un ejemplo de cuidado del medioambiente para la comunidad, ya que las juntas vecinales participan activamente del acopio, así como los recolectores y distintos clubes de madres. “Hemos logrado alianzas estratégicas con varias organizaciones. Estamos ciegamente convencidos que entre todos podemos evitar que estos residuos vayan a parar a las calles o se entierren. Entre todos podemos cuidar el  medioambiente. A diario recibo a vecinos con sus bolsas de botellas porque también han aprendido a separar sus residuos”, explica Johnny.

El promedio de elaboración de una escoba normal es de 40 minutos, mientras que la de un escobillón es de una hora aproximadamente. En la fábrica, en la que trabajan cinco personas, se elaboran un promedio de 50 escobas diarias. La madera, que utilizan en las bases, también es de material desechado que adquieren de las barracas de venta de madera.

La originalidad del invento ha despertado el interés incluso de autoridades nacionales que los visitaron para replicar la máquina en otros municipios. En los próximos meses tienen un pedido de 9.000 unidades, por lo que contratarán personal eventual para cumplir con la entrega. “Mientras más botellas reciclemos, mayor será el impacto”, asegura el inventor, que sueña con llevar su máquina a toda Bolivia.

Un compromiso con la comunidad y el medioambiente

Para Johnny su empresa no solo es un negocio sino un compromiso con la naturaleza y el entorno. Con el apoyo de dos organizaciones sociales llegó a la comunidad de Padcaya para trabajar con las mujeres de la zona: “Donamos los hilos de plástico y capacitamos a las mujeres de esa comunidad para que inicien sus propios emprendimientos. Hacen tejidos para el hogar, canastos para huevos, manteles, que son duraderos e impermeables”.

Además, colabora con 38 mujeres de la Asociación de Recicladoras de base de Tarija, a quien les compra las botellas de plástico. “Hemos dignificado su trabajo porque les pagaban un precio muy bajo. Nosotros les pagamos el triple y eso hace que ellas se sientan motivadas y prioricen la recolección de las botellas para las escobas”, dice el emprendedor.

Jhonny, que fue reconocido como el personaje de 2019 en Tarija, no solo vende las escobas y cepillos que fabrica, sino que permite a los vecinos y agricultores de Tarija que adquieran los productos tras canjear botellas, o con un sistema mixto: “Nos pueden pagar con dinero y con botellas. Una escoba vale 120 botellas de plástico”.