La unidad educativa Branko Petricevic en Cochabamba se compromete con el cuidado del medioambiente e impulsa a sus alumnos a que sean agentes de cambio para vivir en un mundo mejor. La institución creó un aula y una plaza ecológica, un huerto orgánico, y un punto verde externo para los vecinos, que pueden depositar sus residuos sólidos y orgánicos.

La experiencia directa es una forma de aprendizaje que marca a fuego los conocimientos. Los alumnos de la unidad educativa Branko Petricevic, de la ciudad de Cochabamba, lo saben y su día a día es un aprendizaje que dejará huella. Cosecha de frutas y verduras, clasificación de residuos y reciclaje son parte de la jornada académica de los más de 430 niños, que desde 2017, participan de actividades vinculadas al cuidado del medio ambiente.

En el patio un grupo de niños recoge habas en un pequeño huerto y se apronta con entusiasmo para cocinarlas. La actividad forma parte de la clase sobre los alimentos del aula ecológica, una de las materias que invita a los estudiantes a tomar contacto con la naturaleza a través de la acción.

El centro educativo se convirtió en un referente para las demás unidades educativas de la ciudad. Los alumnos de primaria forman parte de la propuesta que integra proyectos socioproductivos, contempladas en la Ley de Educación 070, que se convierten en un medio para vincular la Escuela con los problemas, necesidades, potencialidades y vocaciones de la comunidad, el barrio o la ciudad.

El Director del colegio, Benito Villca, explicó a Journey que todos los proyectos se centran en el medioambiente. En 2017 se creó un aula ecológica común con diferentes materias, un huerto ecológico en el que los estudiantes siembran todo tipo de hortalizas y una brigada ecológica.

Su aula ecológica es un claro ejemplo de la convivencia con la naturaleza. Allí se realizan talleres de agricultura, matemáticas aplicada a la práctica y ciencias naturales, entre otras actividades. Además se prepara y comparte el "apthapi", un desayuno saludable con ensalada de verduras que produce su huerto orgánico.

Otro espacio de comunidad escolar y esparcimiento es la plaza ecológica, donde estudiantes y profesores incorporan conocimientos vinculados a la alimentación a través del juego y la cocina. "Es un lugar donde realizamos lectura, compartimos los alimentos que cocinamos y sobretodo es un espacio de relajación", remarcó Mario Carballo, profesor de la asignatura de Valores del colegio.

La unidad educativa Branko Petricevic es una de los 40 centros que forman parte del programa Escuelas Verdes, que lleva adelante el Gobierno Autónomo Municipal de Cochabamba en alianza con la Fundación Para el Reciclaje (Fundare) y la Empresa Municipal de Servicios de Aseo (Emsa) para realizar un manejo adecuado de residuos sólidos en sus unidades educativas.

La brigada ecológica, integrada por estudiantes de cuarto a sexto año de primaria, recorre cada día el colegio a la hora del descanso para supervisar la correcta clasificación de residuos en los contenedores diferenciados.

Afuera del centro educativo se instaló el primer punto verde del barrio, que significó un antes y un después en el hábito diario de la comunidad. En este lugar de acopio, que está habilitado los viernes, los vecinos reciclan sus botellas plásticas. Además, en el interior del colegio, se instalaron contenedores diferenciados para depositar papeles, cartones, plásticos y material orgánico. “Ahora vamos a salir a educar a nuestros vecinos y padres de familia. La idea es que ellos también puedan adquirir el hábito de reciclar”, contó Benito. Cada dos semanas se recogen 100 kilogramos de botellas PET, además de 50 kilos de papel. A su vez, con los 50 kilos de residuos orgánicos que generan fabrican su propio compost para el huerto.

Una iniciativa similar a la del colegio Branko Petricevic es la que promueve el concurso Ecolegios en la ciudad de La Paz. La propuesta de la Fundación Coca-Cola de Bolivia y el Gobierno Municipal de la ciudad, a través de Envibol y Papelbol -dependientes del Ministerio de Desarrollo Productivo-, apuntan a generar conciencia sobre la importancia y los beneficios del reciclaje. La propuesta logró en su primera edición convocar a 45 unidades educativas y 10.000 estudiantes, que recolectaron 40 toneladas de residuos reciclables. El concurso se enmarca en el programa global Un Mundo sin Residuos, por el que Coca-Cola se compromete a reciclar el equivalente al 100% de sus envases comercializados a nivel mundial para 2030.