Una botella de vidrio retornable de Coca-Cola puede ser reutilizada 20 veces cuando sus condiciones permanecen óptimas. Pero ¿qué pasa cuando la botella cumple su ciclo? Konvertto recicla mensualmente más de 2.000 botellas y las convierte en vasos, portalápices o lámparas.

Vicente Gutiérrez Vargas es un emprendedor innato que desde muy joven soñaba con desarrollar un proyecto sustentable. En 2018 comenzó a reciclar vidrio y el patio de su casa se llenó de botellas de todos los tamaños y colores; botellas que cobraban una nueva vida al ser transformadas en vasos. Así nació Konvertto, una empresa que recicla 2.000 botellas al mes.

Junto a un socio Vicente montó una pequeña fábrica para tratar las botellas y poder convertirlas en vasos que luego vende a empresas y particulares. En su patio, 30.000 botellas esperan ser recicladas. Las recoge directamente en discotecas o con la ayuda de algunos recolectores.

“Todas las botellas traen un vaso incorporado en su diseño”, explica Vicente, “nuestro acabado es perfecto y ni se nota que es un vaso reciclado”, asegura, al puntualizar que ya diseñó 50 modelos de vasos comerciales para producir a gran escala.

El proceso de elaboración de un vaso es sencillo y rápido. Primero se lava y seca la botella, luego se corta y se realizan el lijado y pulido correspondiente. Por último, mediante un proceso de impresión del vidrio se define el diseño. Todo este trabajo artesanal lo realizan dos personas.

El emprendimiento de Vicente se basa en cuatro pilares, que son su filosofía: recolectar el vidrio a un precio justo para dignificar el trabajo del reciclador, trabajar con gente discapacitada a quienes les enseña el oficio, contribuir con el cuidado del medio ambiente y asociarse con artistas plásticos para que plasmen sus creaciones en los vasos, extendiendo así la cadena productiva.

En la pequeña factoría de Vicente todo es reciclado. Usa pallets para sus mostradores, cajas de cartón reciclado para empacar sus vasos y asientos de caucho reciclado que él mismo construyó. Incluso su descarte de vidrio se envía a unas arquitectas que lo transforman en mosaicos para pisos. Nada se deshecha dentro del proceso de economía circular que él mismo lleva como impronta de su emprendimiento. “Me choca que las cosas se boten y no tengan otro uso”, remarca con vehemencia.