Las bebidas retornables ganan terreno en los comercios de barrio. Visitamos dos tiendas para conocer por qué los vecinos eligen las retornables de Coca-Cola Bolivia.

Detrás de una botella retornable existen tantas historias como vueltas puede dar el envase: un envase de PET retornable puede usarse 12 veces mientras que un envase de vidrio retornable puede dar hasta 20 vueltas. Y si solo en Santa Cruz unas 220.000 botellas retornables regresan por día a las tiendas en manos de sus consumidores, la cantidad de historias se hace incontable. 

Douglas Céspedes, por ejemplo, da vida a una nueva historia cada vez que va hasta la tienda de su barrio, en el casco viejo de la ciudad de Santa Cruz, y lleva consigo los envases retornables vacíos para luego llevarse a casa sus bebidas favoritas: suele hacerlo al menos dos veces a la semana, pero lo disfruta especialmente cuando tiene un evento especial.

“Lo más importante es que las botellas no se conviertan en basura, que no contaminemos. Además, es muy fácil cargarlas de ida y vuelta”, apunta Douglas en diálogo con Journey.

Desde otro punto de la ciudad, en el barrio Estación Argentina, Ruddy Rivero llega con una caja de botellas retornables de vidrio hasta la tienda de Maida Gutiérrez, donde se abastece al menos una vez por semana para su consumo personal y para la venta en su pequeña pensión de comida.

“Cuando tenemos reuniones familiares, es infaltable una retornable en nuestra mesa. Es económica y evitamos contaminar el medio ambiente”, explica Ruddy.  

Ruddy es un cliente fiel de las retornables. Cada semana compra una caja de retornables de vidrio.

La venta de bebidas en botellas retornables representa el 55% de las transacciones de Coca-Cola Bolivia. Y del total de productos que la Compañía distribuye en las más de 70.000 tiendas de barrio que forman parte de su cadena de valor, el 55% tiene una presentación retornable. Es indudable que los pequeños comercios se han convertido en grandes aliados por Un Mundo sin Residuos, el compromiso global de Coca-Cola por el que busca recolectar y reciclar el 100% de los envases que pone en el mercado para el 2030.

Maida, que ha sacado adelante su tienda incluso ante los desafíos de la pandemia, es un claro ejemplo de cómo los pequeños comerciantes, insertos en sus comunidades, acercan las retornables a los vecinos por su consciencia ambiental y por su conveniencia económica. 

Maida vende un promedio de 23 cajas al día en su tienda ubicada en el barrio Estación Argentina. 

“Las retornables ahorran dinero y además ahora la gente es cada vez más consciente y evita contaminar la ciudad”, reflexiona Maida, y señala que vende alrededor de 5.600 botellas retornables de PET y 600 de vidrio al mes.

“En un futuro cercano, yo creo que todas las botellas serán retornables. De a poco van ganando terreno y van a quedarse porque la gente las prefiere”, considera Maida.