Para los habitantes de las grandes ciudades, comprar una bebida en el almacén es cosa de todos los días. ¿Y para quienes viven en corazón de la Amazonía boliviana? Es exactamente igual. La única diferencia está “tras bastidores”: en la logística de distribución que existe para que esa bebida llegue al almacén loca.

Con tramos que combinan transporte terrestre y fluvial, llevar un producto de Coca-Cola desde la ciudad de Trinidad hasta la ciudad de Cobija, en el extremo norte del país, puede llevar entre 7 y 13 días. Una travesía que requiere un mecanismo de relojería para sortear con éxito las inclemencias del tiempo y los inconvenientes de la infraestructura vial.

Desde su planta de Trinidad, Nudelpa –una de las embotelladoras de Coca-Cola en el país- distribuye unas 70.000 cajas de bebidas por mes a sus siete sucursales de los departamentos de Beni y Pando. La sucursal más cercana es la población de San Joaquín, a 237 kilómetros de la capital beniana y a la que se llega en un trayecto de ocho horas por carretera, mientras que el punto más lejano es Cobija, capital del departamento de Pando, a unos 1.200 kilómetros y a donde se llega luego de un recorrido que puede demorar más de una semana.

Journey visitó la planta en Trinidad y el puerto de salida de las barcazas, donde dialogó con Absael Antelo, Gerente de Logística y Suministros de Nudelpa, quien explicó los desafíos de hacer llegar los productos de Coca-Cola a los rincones más lejanos del país.

 

El comienzo de un viaje desafiante

La travesía comienza en Trinidad, donde los camiones cargados de bebidas recorren los 14 kilómetros que separan la planta del puerto. Allí trasladan su carga a las barcazas, que navegan más de 540 millas náuticas (1.000 km) hasta el puerto de Santa Ana o Guayaramerín, donde los productos vuelven a cargarse en vehículos, que los trasladarán hasta Riberalta y Cobija. Esta operación se repite dos veces por semana según la demanda y la época del año.

 “En temporada de lluvia (de diciembre a marzo) el caudal del río hace la navegación más sencilla y se avanza más rápido inclusive en las noches, pero en temporada seca el caudal del río baja y la navegación se complica. Es más lenta. Hay que ir verificando el caudal para que las barcazas no encallen”, explica el encargado.

Mientras las barcazas navegan mejor en época de lluvias, los camiones pueden tardar semanas en llegar a su destino ya que muchos caminos de tierra quedan totalmente anegados por el agua.


Detrás del desafío que implica trasladar un producto por tierra y agua existe un equipo de más de 60 personas, entre camioneros, personal de carga y descarga, y especialistas en navegación. El orgullo de Absael es indisimulable: “Es una satisfacción increíble cuando el producto llega a la mesa de cada hogar. Es todo un logro”.